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Manuel Liria

Criterio

¿Por qué no vuelven mis clientes?

Por Manuel Liria · · 6 min de lectura

Los clientes no vuelven cuando se van pensando «esperaba más», aunque hayas cumplido todo lo acordado. El cliente compra por lo que espera y vuelve por lo que recuerda. Para que vuelva, averigua qué espera conseguir, en qué momento se queda corta la experiencia y qué cambio le daría más de lo que esperaba en lo que más valora.

Miniatura del vídeo «Por qué el cliente no vuelve (y cómo solucionarlo con el Método Disney)», de Manuel Liria
El vídeo · 7 minAl pulsarlo, se carga desde YouTube, que puede guardar datos en tu navegador.

Lo que he visto

La primera vez que fui a Disney, esperaba un parque de atracciones. Con sus colas, su montaña rusa y sus espectáculos, lo normal.

Coincidió con la Navidad, y la visita superó todo lo que esperaba antes de que me subiera a la primera atracción.

Yo había comprado una entrada a un parque. Lo que me llevé fue un recuerdo.

Ahí entendí la distancia que hay entre lo que un cliente espera antes de pagar y lo que vive después. Disney consigue que el visitante sienta que ha recibido mucho más de lo que esperaba, justo lo contrario de lo que piensa quien sale de tu empresa diciendo «esperaba más». Esa diferencia puede hacer que un cliente te compre una sola vez o que vuelva y te recomiende.

¿Por qué no vuelve un cliente si he cumplido con lo acordado?

Porque el cliente compara lo que recibe con lo que esperaba recibir. Si se queda por debajo, se va pensando «esperaba más», aunque hayas cumplido todo lo acordado. Y con esa frase en la cabeza es muy difícil que vuelva.

En esa comparación entran dos valores. El valor percibido es lo que el cliente cree que va a recibir antes de pagar, y nace de lo que prometes, de tu reputación y del precio. El valor recibido es lo que vive después de pagar: el resultado, si el proceso le resultó fácil y cómo le trataste.

El cliente compra por lo que espera, pero vuelve por lo que recuerda.

Si espera un 10 y recibe un 7, se decepciona. Si recibe un 10, queda satisfecho. Si en lo que más valora recibe un 13, se sorprende para bien, y ese 13 es lo que consiguió Disney conmigo aquella Navidad.

Lo he vivido también en una de mis empresas. Varios clientes terminaron uno de nuestros servicios diciendo esas dos palabras, «esperaba más». Revisamos cómo explicábamos lo que incluía el servicio y qué se llevaba de verdad el cliente al terminarlo.

Un tiempo después, un cliente nos dijo justo lo contrario: «He recibido más de lo que esperaba por el precio que me habéis cobrado».

Había cambiado la promesa, que ahora era clara, y la experiencia, que la superaba en lo que a él más le importaba. Para llegar ahí hubo que entender qué resultado necesitaba el cliente y organizar el servicio para ayudarle a conseguirlo.

Muchas empresas intentan subir el valor percibido con más publicidad y promesas más grandes. Si la experiencia no está a la altura, ese marketing solo sirve para aumentar la decepción: pagas para que más gente espere un 10 y reciba un 7.

Yo lo haría al revés: primero, que la experiencia cumpla, y después, contarlo. Con la IA veo el mismo error de orden, el de empezar por la herramienta antes de mirar qué pasa dentro de la empresa.

¿Dar más al cliente hace que vuelva?

Solo si ese «más» le ayuda a avanzar. El valor está en lo que el cliente puede hacer con lo que le das, y eso no lo dice el número de páginas.

Imagina que una consultora te hace un diagnóstico. Recibes un informe de 70 páginas, llega el lunes y no sabes qué decisión tienes que tomar. Has recibido mucho trabajo y poco valor útil.

Otra te entrega 15 páginas, con tres prioridades claras, un plan de 90 días y una conversación para resolver dudas. Menos papel, y el lunes sabes por dónde tirar.

¿Qué hizo Disney para que la gente quiera volver?

Partió de una pregunta muy sencilla y muy de empresa: ¿qué tendría que pasar para que una visita se convirtiera en un recuerdo?

Para conseguirlo, Walt Disney se apoyó en personas que sabían contar historias. Esa fue su decisión estratégica, y con ella cambió la forma de competir. Las atracciones podían atraer visitas, pero lo que convertía una visita en un recuerdo, y despertaba las ganas de volver, era la experiencia completa.

Cuando hablo del método Disney me refiero a lo que se aprende de su caso, no a un manual de la compañía. Su punto de partida es que lo que vive un cliente tiene tres partes. La promesa consigue la primera venta. La experiencia demuestra si esa promesa se ha cumplido. Y la memoria, lo que el cliente se lleva a casa, influye en que vuelva y en que te recomiende. Disney promete historias.

El valor se crea a lo largo de todo el recorrido: en el gran final y en cada momento en que el cliente puede sentirse perdido, ignorado o decepcionado.

¿Cómo consigo que mis clientes vuelvan sin ser Disney?

Diseñando toda la experiencia alrededor del resultado que busca tu cliente. De Disney merece la pena copiar el sistema; la forma es suya.

Piensa en un restaurante. La comida importa, y también la reserva, la bienvenida, la espera, cómo se resuelve un error y la despedida. En cualquiera de esos momentos el cliente puede quedarse por debajo de lo que esperaba, aunque el plato esté bueno.

Mejorar la experiencia no siempre cuesta más. A veces basta con reducir la incertidumbre, con que el cliente sepa en qué punto está y qué viene después.

Para saber por qué no vuelve un cliente, hazte estas tres preguntas:

  1. ¿Qué cree que va a conseguir cuando te compra?
  2. ¿En qué momento la experiencia se queda por debajo de lo que esperaba?
  3. ¿Qué cambio concreto puedes hacer para superar su expectativa en lo que él más valora?

Vuelve al diagnóstico de antes. El cliente cree que va a saber qué decisiones tomar. La experiencia se cae el lunes, cuando tiene 70 páginas delante y ninguna decisión clara. Y el cambio concreto son tres prioridades, un plan de 90 días y una conversación para resolver dudas.

Cuándo no

Ojo con el atajo de prometer poco para que cualquier cosa parezca mucho. Lo que funciona es prometer con honestidad y darle al cliente un resultado mejor del que esperaba, sobre todo en lo que más le importa a él.

Tampoco subas la promesa con más publicidad mientras la experiencia no la cumpla. Y si piensas sorprender dando más cantidad, acuérdate del informe de 70 páginas: lo que no ayuda al cliente a avanzar no cuenta como más.


Cuando revises tus ventas, además de contar cuántos clientes consigues, pregúntate qué sienten, qué han recibido y qué historia contarán de ti cuando ya no estés delante.

Y si estás pensando en usar la IA para atender a tus clientes, en la guía tienes la atención al cliente con su veredicto, «sí, con IA, para lo repetido», junto a otros seis procesos. Si el trato personal es lo que te distingue y llegáis a todo, mejor no tocarlo.

Si te ha servido, cada martes te mando El Filtro: lo nuevo de la IA, pasado por las tres preguntas.

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